Vio reflejada la sorpresa en el rostro de aquel desgraciado. Sonrió diciendo que se sentía contento ya que eso era que le había gustado lo que le hacía.

La pobre Isabel no dijo nada más, sería y enfadada se fue hacía su casa impaciente de que llegara la noche.

Ismael como cada noche hacía, le dio un beso a su esposa y se fue al campo. Lola estaba en su casa despierta a la espera de que su amiga hiciera lo que tenía que hacer para ayudarla después.

Así que Isabel se metió en la cama a la espera del desgraciado. Al rato oyó alguien meterse en la cama, le llamo por el nombre de su marido para asegurarse de que no era él.

 

-No. No soy tú marido, soy yo.

 

Isabel con sangre fría dejó que se pusiera encima como tantas noches había hecho el desgraciado sin ella saberlo. Antes de que la volviera a violar le tocó el rostro para saber donde tenía la sien, así que sin decir palabra le clavó una aguja de hacer punto atravesándole la sien de parte a parte dejándole seco en el acto.

Se lo quitó de encima y llamo a su amiga para que le ayudara, entre las dos a duras penas le pudieron trasladar el cuerpo al corral de esta. Corral que servía para plantar verduras y ahorrarse algunas monedas en la compra. Cavaron todo lo más hondo que pudieron.

Acto seguido plantaron semillas de perejil encima e hicieron una promesa las dos amigas de que jamás nadie sabría lo ocurrido con aquel desgraciado.   

Un día por desgracia Isabel y Lola dejaron de hablarse pero Isabel siempre preocupada por si Lola la delataba, salía a su pequeño corral y le gritaba a Lola.

 

-Lola. ¿Ha salido el perejil?

Y la Lola muy amable cuando oía aquella pregunta, le respondía.

 

– Ni ha salido ni saldrá.

 

Evidentemente que el perejil había salido y matas enormes de grandes, pero era una manera de preguntarle ya que no se hablaban si Lola había contado a alguien lo sucedido. Así que nunca volvieron a dirigirse la palabra pero jamás nadie supo nada de lo ocurrido.

 

Fin

 

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