Tal vez no sea cierta la historia de Isabel. Una mujer cariñosa, amable y risueña que tuvo la desgracia de encontrarse con una mala persona. Tal vez no cuente con el beneplácito de la gente al contar lo que le sucedió, y lo que se vio obligada hacer pero he aquí lo que vivió. Un percance que jamás supo nadie, un percance que ella y tan solo su mejor amiga se llevarían a la tumba.

 

Isabel estaba casada con Ismael. Trabajaba de sol a sol en el campo, pero no por ello ignorante. Sabía sumar, restar y también dividir. Era suficiente para que no le engañaran a la hora de pagarle el jornal. Recién casados se mudaron a la casa de su abuela tras fallecer esta y allí empezar una nueva vida, pared con pared a la de su amiga Lola también recién casada. Las casas del pueblo es de bien sabido que no las cerraban ya que nunca sucedía nada y eran todos conocidos, tan solo con cerrar la puerta ya era suficiente. El pueblo que empezaba a crecer tras la guerra e iban instalándose parejas recién casadas, había solteros con ganas de desposarse, así que después de la siega de arroz se daba una gran fiesta con el objetivo de conocerse y desposarse. Un día Isabel se cruzó con un hombre recién llegado al pueblo que también trabajaba en la temporada de cosecha del arroz o al menos eso creyó ella, entre piropos y demás adjetivos, Isabel sonrojada le hizo gracia y se metió en la casa olvidándolo de aquel hombre a la espera de que se levantara su marido para comer. Los días pasaron y las semanas y los meses, pero aquel visitante no hacía caso de las advertencias de Isabel. Casi todos los días las dos amigas se iban juntas a la compra, encontrándose con él.  Isabel empezaba a cogerle un poco de miedo ya que se estaba haciendo pesadas las palabras del visitante.

 

-Tengo que conseguirte quieras tú o no quieras.

-Tienes que ser mía. Le decía el pobre incauto.

 

Ella ya le había informado que era una mujer casada y que si continuaba diciéndole aquello, se lo contaría a su marido. Él sabría que hacer y decirle. Pero aquel hombre ni caso ya que continuaba en sus trece.

Continuará…

 
 
 
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