Imagen de Gustavo Pujalte

Un buen día, de tanto pedirle a su mama que la cuidara, desde el cielo, se le presento sentada al pie de su cama. ¡Mama!, ¡Mama! Gritaba la niña, con lágrimas en los ojos. Te he echado mucho de menos.

Y yo mí vida, y yo. ¿Que tienes ahí mí niña?-Son cardenales mami de las palizas que me da Petra. -Dijo la niña desconsolada.- yo soy buena mami, no le hago enfadar, pero me pega igualmente.

-No temas mí vida. Esa mujer nunca más te pegará. Te lo juro tesoro mío.

Pasaron los días y Petra seguía pegándole por cualquier cosa que Judit decía o hacía. Pero la niña ya más valiente le decía que algún día su mama bajaría del cielo y la arañaría para que no le pegara más. Más allá de asustarse por lo que Judit le decía todavía le pegaba más. El padre dejó de regañar a su hija y hacía como que no veía ni oía nada. Jamás defendió a su hija, como ella merecía.

Una noche se oían ruidos en la casa. Judit en su habitación dormía tranquila, bueno todo lo tranquila  que puede dormir una niña pequeña asustada por si la pegan otra vez. Felipe también dormía a pierna suelta, tan solo Petra se levantó a ver que eran esos ruidos que no la dejaban dormir.

 

Continuará…….