Ya no me duele

el vacío que has dejado

en mí almohada.

 

Ya que siempre habrá 

decorativos jarrones

llenos de flores frescas

que me hagan olvidar

tú ausencia.

 

No pienses que hay

reproche en mis palabras,

no es esa la finalidad de ellas.

 

Solo que ya no me permito

pensar en ti, más que lo justo

de un mero recuerdo,

afirmándome a mí misma,

que mí amor por ti estaba de antemano

destinado a perderse en el olvido.

 

©

Ana Giner