La huella que dejamos al andar sea para bien o para mal. Esa huella que ahora borra a su paso sin apenas importarle lo que está vivido y también lo que no. Se burla de nosotros el destino y juega como si de niños se tratara. Y pienso, tal vez sea esta vida solo eso, un juego. Y yo recuerdo, recuerdo porque puedo recordar. El amor que nos tuvimos, el cariño y amor que nos procesamos, la lealtad con nosotros mismos que nos unía cada día más. Las vivencias de nuestra vida. Y llega un día que uno de los dos ya no está y en esta historia soy yo la que me he quedado sin ti. Intento ser fuerte, revivir lo único que importa en realidad y me dejo llevar por el amor que sigo sintiendo. Y que la muerte no ha podido arrancar de mi corazón, por mucho que se empeñe. Recuerdos que se agolpan en mi mente y es lo único que me hace más llevadera tu ausencia. Intento retenerlos como si con ellos siguieras a mi lado, pero la realidad vuelve y tú no estás; y me niego a aceptar que tus manos ya no me acariciaran más, tus ojos no me miraran, tus labios no me besaran, no acariciaras nunca más mí cuerpo.

¿Acaso porque ya no estés he de dejar de quererte?

¿Quién dijo que con la muerte es el final del amor?

Y me dejo otra vez llevar por mis recuerdos y sonrío

recordándonos junto al Mar.

¡Mi mar!

¡Mi amado mar!

Que tantas y tantas cosas vivimos junto a él.

Dejándonos acariciar nuestra piel desnuda por el sol abrasador y

reconfortante a la vez.

Bañándonos con sus rayos nuestra piel morena parecíamos dioses.

Contemplábamos el horizonte, esa fina línea que une al cielo con el

mar, es un regalo para los ojos por su gran fuerza y grandeza.

¡Mi mar! Nuestro mar.

Cuando lo miro me hace perder la noción del tiempo. Seguimos andando abrazados sin soltarnos ni tan siquiera para respirar por miedo a que algo nos arrebate vivir esos momentos tan intensos de felicidad, el temor a que algo o alguien nos quite este inmenso amor que nos transforma en uno sólo. La fresca brisa que nos envuelve y nos transporta a otro mundo a otro espacio en el tiempo. Siempre pensamos envejecer juntos ¿recuerdas? Unidos como siempre ante viento y marea y frente a todas las adversidades. Sé que algún día vendrás a tenderme la mano. Pero mientras tanto, aquí estoy, yo sola, junto a mi mar, sin ti, recordando momentos vividos y lo que podríamos haber vivido todavía. Pero te fuiste. Dejando mi corazón hecho pedazos entre recuerdos, intentando descifrar la magnitud incomprensible de tu muerte, que es imposible de aceptar, haciéndome la fuerte, para seguir viviendo. Cuando en realidad lo que quiero y mi corazón desea es seguir estando contigo.

 

A. G.

Anuncios