Capítulo 2

No, dijo Elizabeth. No puedo ni quiero depender de ningún hombre, y mucho menos del vinculo tan importante y fuerte como la de tener un hijo en común.

Él la miró con cara de incrédulo pero no dijo nada. Sabía como pensaba ella, cuanto amaba su independencia y sabía perfectamente que él había significado mucho en la vida de ella. Aunque él estaba casado y tenía dos hijos, la amaba, quería irse a vivir con ella. Pero Elizabeth nunca le permitió que se separara de su esposa. Al principio él no entendía su deseo pero tal y como la iba conociendo se daba más cuenta de que ella pertenecía al mundo, no era mujer para un solo amor. Elizabeth era libre de espíritu y él la quería por encima de todas las cosas.  Respetó su decisión y continuó con su esposa. Siempre habían pactado desde el día en que se conocieron que no habría ataduras ni promesa ni situaciones que pudieran comprometer al otro. 

Sabía que aun en este preciso momento desistiría de su decisión. Era inútil insistir aun cuando fuera por el bebé que esperaba, pero así y todo lo hizo, insistió.

-Elizabeth. Perdóname que insista mi vida, pero quiero saber del bebé, quiero formar parte de su vida, de su educación de su mundo. Quiero que sepa que tiene un padre, quiero ser un padre para él o ella. Por favor, por favor, no seas así. Pero ella le miró con sus ojos interrogantes como recordándole el pacto que tenían los dos.

Continuará.