Le llegó otra ilusión, otros labios,

otras manos,

otras palabras,

otros susurros, nuevas noches,

nuevos amaneceres,

otra caricia,

nuevo encuentro,

otro cuerpo.

Y se dejó llevar, con la candidez de niña,

la ternura de sus ojos,

la sed de su cuerpo

ya no tuvo miedo,

ya no hubo culpa,

ya no hubo restricciones ni barreras,

para expresar sus sentimientos,

ya no mandaban él ni ella,

solo el sentimiento, que les unía,

con la complicidad del momento,

la dicha de sentir,

y el placer que le proporcionaba

el tener un nuevo encuentro,

una nueva ilusión.

 

 Ana G.

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