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Se posó en ella el don de amar, dio amor sin pedir nada, quien llegaba a conocerla la llamaba la diosa del amor, todos quedaban prendados, embelezados, por su poder de atracción, su inteligencia, su talento, su bondad.

Sentían envidia de su seguridad, su altivez su autosuficiencia, le decían que les atraía su libertad ante la vida, la hacia atractiva, más deseada, más, más.

 Con la mirada fija en el mar, su amado e inseparable mar, ese mar que la arropaba cada noche o amanecer, que sostenía sus lagrimas y sus risas, los desplantes y reconciliaciones con la vida. Ese mar que la esperaba impaciente cada noche o día.

Ella adoraba ese momento, la brisa, el aire y su olor a libertad que como siempre la devolvían a la realidad para poder seguir adelante, donde se recargaba de energía para afrontar su gran verdad.

Se levanto abrió sus brazos le dio las gracias por estar a su lado, por su comprensión y lo abrazó con toda intensidad. Él era el único que entendía de su espíritu libre.

Hablar con él era como hablar con soluciones, como si todas las dudas a sus preguntas las resolviera sólo cuando estaba junto a él.

Se sentía parte de él, unida por una magistral fuerza que la conducía siempre a su lado, la relajaba contemplar su bravura y su calma, ella era una extensión más de tanta belleza.

La amaban sí, pero no como él.

Nadie comprendía de la amplitud de su espíritu libre y por supuesto mucho menos lo aceptaban porque no entendían que una mujer pudiera ser así como ella era. ¿Por condición de mujer? ¡Claro!. Pero sí querían poseerla, no entendían que un alma libre no se le puede poseer, ni cambiar, ni manipular, ni atar, ni controlar.

Sí, si se puede, pero sólo por un espacio de tiempo, luego su espíritu libre vuelve a su condición natural.

Tan segura la veían que se olvidaban que ella también tenía sentimientos que tenía corazón, de que era capaz de amar de sentir, de llorar.

Tanto empeño puso ella en ocultar sus sentimientos que al final lo consiguió.

Pero no contaba que en su empeño llegó a creérselo ella misma.    

 

A.G.