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Tal Vez

 

Ella le esperaba, paseaba de arriba a bajo por el aeropuerto, no sabía muy bien que hacer estaba que se la comían los nervios y tenía miedo a la reacción que pudiera tener él cuando la viera.

Todavía era pronto, no habían anunciado el aterrizaje del avión y notaba su cuerpo empapado de sudor por la emoción, en su pensamiento se agolpaban un sinfín de preguntas, un poco absurdas, pero que en realidad no lo eran tanto ¿le gustare?. ¿Igual me encuentra fea o demasiado llenita, o demasiado delgada?; y ¿como será él? ¿Y si no me gusta?, ¿que hago?, ¿que le digo?, ¡hay dios! ¿como me he lanzado a esta aventura sin conocerle bien?. Pero allí estaba ansiosa por verlo, y seguía esperando, dando vueltas de un lado a otro con muchas ganas de poder abrazarle, algo dentro de ella tal vez su conciencia le decía que estuviera tranquila que no se preocupara que todo saldría bien, pero a pesar de sus dudas sentía como si le conocía desde siempre.

No anunciaban nada por megafonía, con lo cual estaba más aterrada, ella sabía que esos nervios le iban a pasar factura más adelante pero no lo podía remediar. ¿Y si le había pasado algo?, ¡no, no, eso no podía pensarlo!, todo iba a salir bien.

Por fin, tras esperar atacada por la impaciencia unos treinta minutos apareció él, ella quedo inmóvil, no sabía muy bien que hacer, se le acercaba sonriente y ella hizo lo mismo se dieron dos besos, ella notó que él también estaba  tembloroso, no sabía si por la emoción que podía sentir él o es que ella le estaba pasándole  sus temblores, rieron los dos y salieron del aeropuerto.

Se encaminaron hacia el automóvil y se fueron de allí, querían estar solos sin miradas, sin nadie más, solos él y ella.

Al llegar al lugar donde iban alojarse, se dejaron llevar, besos caricias, ¡al fin estaban solos!.

Los días pasaron muy deprisa más de lo que a ella le hubiera gustado pero, ¿que podía hacer?, no estaba en su mano detener el tiempo, se acercaba el momento de la despedida, por más que ella intentaba por todos los medios a su alcance disimular su malestar la tristeza estaba reflejada en su rostro; ella quería llorar, sabía que sino lo hacia luego seria peor ya que no le sentaba muy bien a su cuerpo tanto estrés acomunado, pero no podía, no, delante de él, ¿ que iba a pensar él si la hubiera visto llorar? Se preguntaba mientras un nudo en la garganta le oprimía articular palabra.

Él la abrazó fuertemente y se fue.

Ella entre inmóvil y queriéndose ir la invadía una oleada de llanto que tuvo que girarse para que no la viera derrumbarse. Al salir del aeropuerto llamó a una amiga, no sabía que hacer, estaba sola, se había quedado sola, y su amiga se alarmó al oír su llanto, hablaron un rato le contó, le explicó, ella no sabía ni podía entender el  porque de aquella pena, ese dolor que se había alojado en su corazón, ella misma estaba desorientada, confundida, extrañada de su comportamiento, quería que volviese y al mismo tiempo quería salir de allí corriendo.

Sintió una punzada en su pecho por lo que hizo un mayor esfuerzo para serenarse ya que le dio miedo porque se ahogaba.  Su amiga le hablaba, pero no podía contestar, al cabo de unos segundos le dijo que iba hacia su casa que no se preocupara que se sentía bien para conducir.

 Media hora después su amiga la estaba esperando en la puerta de su casa, la abrazó, le secó las lagrimas y le dijo que por favor no se cogiera las cosas así, que las cosas no eran o blancas o negras ya que podían ser de colores mezclados y dependería  de otros muchos factores de que él quisiera volverla a ver.

Ella se secó las lagrimas de nuevo la miro y le dijo, que tenía el presentimiento de que no volvería a verle nunca más. Pero que tampoco entendía su comportamiento no era propio de ella actuar así, esbozó una sonrisa un poco entre pena y resignación y las dos rieron un buen rato de todos los comentarios que ella le contaba.

Su amiga la invitó a ir a la playa, y ella la miró aceptando de buen grado su sincera invitación.

La vida continuaba tanto para él como para ella, él tenía su vida en otro lugar, con otra gente, y ella lo sabía, ni iba a ser la primera ni la última mujer en la vida de él ¿de verdad merecía la pena ese dolor y esa tristeza que sentía por aquel adiós?, tenía que seguir, no podía hacer otra cosa, se dispuso a ponerse su bikini y se fueron sonriendo a la playa.

¡Algún día tal vez volvamos a encontrarnos se dijo!.

Pero ella sabía que eso era casi improbable ya que sabía como era él, pero  la historia vivida con él tardaría en olvidarla de eso no le quedaba ninguna duda.

Se miró al espejo vio que le quedaba perfecto el bikini, y se dijo para ella misma que a la mañana siguiente ya pensaría como encajar todo lo que le había ocurrido.

Mañana sería otro día, ese capitulo de su vida todavía no quería cerrarlo.

 

A.G.